sábado, 11 de octubre de 2014

El neoliberalismo es un sistema




Edgardo Pablo Bergna
Maximiliano Basilio Cladakis

Una larga tradición de pensadores comprende la historia desde una perspectiva esencialmente agonística. Maquiavelo sosteniendo que en cada ciudad habitan dos humores, el de los poderosos que desean oprimir al pueblo y el del pueblo que desea no ser oprimido; la célebre sentencia de Marx aparecida en el Manifiesto comunista acerca de que la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases; Kojève, en sus cursos sobre Hegel, afirmando que la dialéctica histórica es la dialéctica de la lucha entre amos y esclavos. Se trata de ejemplos notables por pensar la historia más allá de los optimismos ingenuos que ven la historia de la humanidad como si se tratase de una historia de rosas y de confraternidad universal en donde esa gran confraternidad avanza hacia un idílico estado de bienestar indefinido. Sin embargo, si hay avances, dicho avance contendrá, en verdad, la magnífica y terrible frase de Hegel: la historia avanza siempre por el lado malo.

Ateniéndonos a la experiencia concreta, la historia es conflicto y, ese conflicto, es, fundamentalmente, entre dos grupos humanos: oprimidos y opresores. Cada acto histórico se circunscribe en esa dialéctica infinita, es decir, cada acto, es, o bien un acto de liberación, o bien un acto de opresión. Esto implica que el acto no es nunca un acto que pueda ser comprendido de manera aislada, sino que sólo es comprensible dentro de una totalidad. La opresión es, pues, una totalidad, al igual que la liberación. La dialéctica es la forma de comprender la totalidad: totalidad de la historia, totalidad del conflicto, totalidad de la opresión, totalidad de la lucha contra la opresión.

Una época histórica es una totalidad que guarda en sí misma la historia pasada y la actualiza y renueva abriendo nuevos campos de conflicto. Hay un sino trágico en el devenir histórico del hombre: más allá de las utopías, cada nuevo momento implica un nuevo conflicto. Y más, los oprimidos de ayer pueden ser los opresores de hoy, y los oprimidos de hoy, los opresores de mañana. Cada utopía lleva en sí misma su negación, y cada oprimido que se libera lleva en potencia el germen de la opresión. Caben mencionar dos ejemplos: la burguesía era la clase oprimida dentro del sistema feudal y las Trece Colonias formaban parte del bloque de oprimidos del sistema colonial. Hoy la burguesía y Estados Unidos son los mayores representantes de la opresión a nivel global.

Precisamente, Estados Unidos y sus países aliados junto a la burguesía, en especial pero no exclusivamente la burguesía financiera y mediática, conforman el grupo hegemónico que constituye, en la actualidad, el sistema totalizador de la opresión: el neoliberalismo. Porque el neoliberalismo es un sistema totalizador que abarca las diferentes instancias que constituyen a la experiencia humana. La opresión no sólo es un fenómeno analizable en términos bélicos o coercitivos, sino que guarda un carácter económico, político y cultural. Se trata de una red compleja en donde convergen las fuerzas de las armas, la extorsión financiera, el poder mediático, la cooptación de partidos políticos. Desde está perspectiva, la lógica de la opresión no cambió durante las últimas décadas, a pesar de la caída de la caída del Muro de Berlín. Hay un centro que despliega su poder e intereses sobre la periferia. En ese centro convergen las potencias occidentales y las corporaciones económicas más poderosas del planeta. Del otro lado, hay una periferia que aparece representada, o bien como “patio trasero”, o bien como “estados terroristas”, o bien como regímenes “enemigos de la libertad”. En este contexto, el neoliberalismo es la forma en que el centro se extiende, o busca extenderse, por sobre la periferia para expandirse en pos de sus intereses. En este sentido, la libertad que proclama el neoliberalismo es la libertad de los opresores para oprimir al infinito a la periferia.

Esta libertad, que se quiere a sí misma como infinita, no es sólo una libertad económico-comercial, es una libertad total: es bélica, es cultural, es política. A los fondos buitres, a Goldman & Sach, le siguen las bombas sobre Irak, sobre la Franja de Gaza, los intentos golpistas en Venezuela, la demonización mediática de China, de Rusia y de gran parte del Mundo Islámico. Y muchas veces no se trata de actores distintos que juegan distintos papeles dentro de una misma obra. El litigio argentino contra los fondos buitres lo deja claro: estos mismos fondos participan del saqueo de recursos naturales sobre las islas Malvinas, que es parte fundamental del enclave colonialista británico, quienes votaron en contra de la Argentina en la ONU son los mismos que despliegan su poder bélico sobre Medio Oriente. El afán de dominio del centro se extiende como una red que busca infiltrase en todas partes.

Así y todo, como señala Simone De Beauvoir, los opresores no podrían ser tan poderosos si no hubieran oprimidos que defendiesen sus intereses. En efecto, la opresión, en la mayoría de los casos, sólo puede funcionar con una quinta columna dentro de las filas de los oprimidos. En Argentina, se ve, actualmente, que los oligopolios mediáticos, los grupos concentrados de la economía y la oposición política cumplen dicha función. Corroer desde dentro la resistencia al poder-libertad de la entente opresora. El ataque desde dentro también es múltiple: intentos de golpes de mercado, perpetua difamación del gobierno, llamamientos a la desobediencia civil, estratagemas para esmerilar la legitimidad del Congreso. En suma, intentar deconstruir el modo de Estado constituido durante la última década para volver a consolidar otro: el Estado neoliberal.

Precisamente, frente a la posible pregunta acerca de cuáles serían hoy los instrumentos de resistencia frente al neoliberalismo, la respuesta es sencilla: el Estado. Sin embargo, no se trata de cualquier Estado, ya que muchas veces se habla de él de manera abstracta. En líneas generales, el Estado suele aparecer representado como aquello que hay que combatir. El Estado es el Mal, podría decirse. Esta tesis es compartida tanto por los liberales confesos de derecha, como por el pseudo-progresismo, como por la pseudo-extrema izquierda. Hay en todas estas posiciones una hegemonía del liberalismo que subyace a diferencias ideológicas que son, en verdad, secundarias. En un texto sobre Hegel, Rubén Dri habla de los distintos Estados que se han presentado en la modernidad: el Estado absolutista, el Estado liberal, el Estado democrático y el Estado ético. Podríamos decir que, en la periferia, es el Estado ético la instancia de resistencia frente al afán de dominio global.

Es en la concepción hegeliana del Estado donde este se presenta como Estado ético. Esto significa que el Estado es la dimensión del interés universal, la superación de los intereses particulares. En la periferia, un Estado que se constituya a partir del bien común, que vele por la totalidad y que se despliegue como un proyecto colectivo superador de las mezquindades imperantes en la sociedad civil, es, de manera necesaria, antagónico del neoliberalismo. La dinámica inmanente al neoliberalismo supone la sumisión de la periferia y, por lo tanto, de sus millones de habitantes. El Estado ético al velar por el interés de la comunidad de la cual él mismo emana entra en conflicto con dicha dinámica. El Estado, en tanto dimensión ética donde se dan los intereses y valores compartidos por una comunidad, es el principal enemigo del ansia de extensión del centro y de sus aliados subalternos.

En nuestro país, ese Estado es el Estado que el kirchnerismo, como fuerza gobernante, ha ido constituyendo a lo largo de una década. Y es ese Estado el que el neoliberalismo quiere disolver para habilitar, nuevamente, el modelo de Estado que por casi treinta años imperó en Argentina y en gran parte de América Latina, un Estado que asegure y garantice los interés de las grandes potencias y de las grandes corporaciones económicas. Porque cuando, desde el neoliberalismo, se habla “achicar el Estado”, lo que en verdad se propone es el reemplazo de un Estado que vela por la totalidad por uno que vele por los intereses de las minorías. El neoliberalismo no es un mero “modelo” económico sino, como dijimos, se trata de un sistema totalizador que atraviesa la cultura, la política, y que requiere, por más que lo niegue, un Estado que, como diría Alfonsín, custodie la libertad del zorro en medio de las gallinas.

Nuestro homenaje

Edgardo Pablo Bergna

 Nuestro homenaje a los asesinados por las dictaduras.

  Herida abierta por el golpe de Estado encabezado por Augusto Pinochet el 11 de septiembre de 1973 resiste y muere en "La Moneda" el presidente de Chile Salvador Allende.

  Precedido por las "Cacerolas del espanto"  el sindicato de camioneros y la derecha civil, militar y religiosa chilena,  paralizó y saboteó la economía y vertebró al interior del país hermano un movimiento de oposición al gobierno de izquierda surgido democráticamente. Oposición diseñada y financiada y corregida por la acción de agentes de la CIA enviados por Estados Unidos, en ese momento administrada por el presidente Richard Nixon.

  Su secretario de Estado, de Nixon, Henry Kissinger recibió en 1973 el premio nobel de la paz (al día de hoy quien escribe está convencido, de que el premio nobel de la paz se otorga a los que, en mayor o menor medida, han contribuido -o contribuirán, caso Barack Obama- a la paz de los cementerios)  El secretario de Estado Kissinger está vinculado a los procesos dictatoriales en Latinoamérica de la década del 70, creador, además, de la escuela de las américas y el plan cóndor.

  En nuestra Suramérica, en nuestro Mundo, la acción siempre se debate entre dos principios: estamos a favor de los oprimidos o a favor de los opresores. Hoy nuestro País, nuestra Suramérica, nuestro Mundo debate sobre esos principios.
  Quienes están a favor de los mas poderosos del mundo lo están en Chile de 1973 apoyando el golpe, o en Argentina, con el dictador Rafael Videla en 1976. Quienes están a favor de los opresores, hoy Septiembre de 2014, lo están tanto en las Naciones Unidas,  oponiéndose a la creación de un marco legal para la reestructuración de deuda; o en el Congreso de la República Argentina oponiéndose a ley que favorece el pago soberano de la deuda externa.

Eticidad, praxis, comunidad





Maximiliano Cladakis

   A diferencia del concepto moderno de sociedad (comprendida esta en la acepción esencialmente de “sociedad civil”), la comunidad  implica una totalidad en donde los lazos entre los sujetos no se reducen a meras relaciones de exterioridad. La “sociedad” suele ser presentada, sobre todo en las teorías liberales, como un conjunto de individuos en donde cada uno está “al lado del otro” (o incluso, en “contra del otro”). En términos sartreanos, podríamos decir, que la sociedad implica una “serialialidad”. El mismo Hegel, al hablar de  la sociedad civil, se refiere a esta como la dimensión donde cada individuo prosigue unicamente su propio interés. Hay, en estas concepciones de la “sociedad”, un vínculo más que evidente con el mercado como forma hegemónica que penetra las distintas facetas de la existencia humana.  En Simmel, por ejemplo, la sociedad aparece reducida al conjunto de individuos consumidores o productores, de compradores o venderos de mercancías.

    Si la sociedad se presenta, entonces, como sumatoria de individuos, la comunidad, por el contrario, implica un “nosotros” que excede y trasvasa las lógicas mercantiles que se fundamentan en lo que Hegel comprende como el individuo abstracto. La comunidad, por el contrario, se fundamenta en la existencia de lazos de interioridad que posibilitan la emergencia de un sujeto colectivo, de una intersubjetividad real que rompe con las lógicas individualistas por las que se rige la sociedad. Hay un ser común: valores, creencias, ideales que comparten los integrantes de la comunidad y que superan la mezquina idea de “interés individual”. En pocas palabras, la comunidad se encuentra fundada en la eticidad.

     La idea de “eticidad”, en su sentido hegeliano, abre la posibilidad de comprender  la comunidad como una coexistencia que se afirma en un mundo histórico-cultural concreto. Frente a la moralidad kantiana, frente a la religiosidad de lapropia interioridad, frente a la abstracción del derecho, fundada en la igual de abstracta noción de “persona”, la eticidad afirma el ser histórico de la existencia común. Si la moralidad kantiana es una moralidad a priori y el derecho se funda en la alienación del sujeto histórico-concreto en la idea de “persona”, la eticidad emerge desde las entrañas mismas de la experiencia histórica concreta. En la Fenomenología del espíritu, Hegel ubica su emergencia, incluso, en un momento específico del despliegue histórico: el origen del mundo ético es el mundo griego.

   Ahora bien, la comunidad no es, por lo tanto, un constructo metafísico, ni un fenómeno dado de una vez para siempre. Surgida del acontecimiento histórico, la comunidad se constituye dialécticamente a través de la praxis comunitaria. En la Crítica de la razón dialéctica Sartre equipara “comunidad” a “comunidad práctica”. Es en la praxis, pues, donde la comunidad se realiza. La acción comunitaria implica una totalización del mundo circundante al mismo tiempo que hace a la comunidad. La eticidad que da fundamento a la comunidad se revela y realiza en la praxis. Una praxis que, al igual que la comunidad, es inexorablemente histórica.

    Sin embargo, al ser histórica y al afirmase en la praxis, la comunidad está siempre en peligro. Por un lado, a partir de las fuerzas que operan desde fuera. Pues, hasta que no se cumpla el sueño de Aliosha, toda comunidad es una totalidad que se encuentra entre otras totalidades. El nosotros implica un ellos, los agrupados, a los no-agrupados. Hasta que punto ese ellos es uno de los fundamentos principales del nosotros, es un tema complejo, aunque tal influencia sea indudable. Por otro lado, hay un peligro interno: el de la descomposición molecular. Tanto Sartre como Hegel (podríamos agregar a Maquiavelo) advierten que, dentro de la propia comunidad, HABITAN fuerzas centrifugas que tienden a la extinción de la comunidad.

   Siguiendo a Sartre, la mismidad  del nosotros no sólo no anula, sino que requiere laalteridad. Para que la comunidad despliegue su praxis es necesaria la alteridad. Cada integrante de la comunidad es útil a ella a partir de su particularidad. Para la praxis común son absolutamente imprescindibles las características particulares. Es decir, para ser uno de los mismos es necesario ser otro. Ese juego de oposición de ser al mismo tiempo un mismoy un otro es una amenaza constante de la comunidad y, paradójicamente,  su condición de posibilidad. En la Crítica de la razón dialéctica esta oposición será definida como la contradicción fundamental de la comunidad.

    La comunidad, en tanto comunidad ética, necesita, entonces, afirmarse constantemente a sí misma en el ambiguo y cambiante terreno de la historia. La eticidad se debe desplegar en un actuar en conjunto en donde cada uno, en su particularidad, se comprenda como parte de una totalidad que lo contiene y supera sin anularlo. El desafío de la comunidad es permanente: desplegar su praxis con fines trascendentes a sí misma, al mismo tiempo que constituirse, consolidar y mantener su cohesión interna, su inmanencia como totalidad.

viernes, 15 de agosto de 2014

Palestina (Ataque de Israel)


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miércoles, 6 de agosto de 2014

Esperanza

Maximiliano Cladakis     
  
  
Siguiendo al filósofo judeo-alemán Walter Benjamin, podríamos decir que la historia de la humanidad es la historia de una gran catástrofe. Mirar hacia el pasado es mirar hacia  un cúmulo infinito de ruinas donde la opresión, el crimen y la muerte derriban todo ingenuo ideal de progreso. El Anticristo, figura mítica empleada por Benjamin y que podría ser comprendida como la representación simbólica del Mal radical, parece imponerse triunfalmente por sobre todo vestigio de esperanza, de redención, de anhelos de un mundo más justo e igualitario.

    Sin embargo, el propio Benjamin habla de la inminencia de momentos que quiebran con este continuum catástrófico y en donde la esperanza emerge entre los escombros de un proceso marcado por el constante triunfo del Mal. Benjamin, empleando la terminología del mesianismo judío, dirá que se trata de las rendijas desde donde se anuncia la temporalidad mesiánica, la cual otorga esperanza en medio de la desesperación.

   Ayer, 5 de agosto de 2014, se abrió una de esas rendijas en la Argentina. La recuperación del nieto de Estela Carlotto, inesperada, tal vez impensable, dejó atónitos a todos los que, de una manera u otra, acompañamos, apoyamos y admiramos la gesta heroica de las Abuelas de Plaza de Mayo. Estela, símbolo indiscutible de lucha y de compromiso, encarnación misma de la perseverancia en pos de la Memoria, de la Verdad y de la Justicia, encontró al hijo de Laura, su hija, desaparecida, asesinada cobardemente por las bestias que convirtieron a la Argentina en un campo de exterminio y que constituyeron uno de lo momentos más oscuros de nuestra historia.

     Decimos “uno” porque nuestra historia, como decía Benjamin de la historia de la humanidad, también está signada por el triunfo del Mal. Desde el genocidio originario llevado a cabo por los españoles tras el “descubrimiento” de América al genocidio perpretado por la última dictadura cívico-militar, pasando por el genocidio comandado por Roca en su denominada “Conquista del Desierto” y por los bombardeos, persecuciones y fusilamientos contra los peronistas a partir de 1955 (que también deberían ser clasificados como “genocidio”), la historia de la Argentina es una historia que suma escombros sobre escombros, ruinas sobre ruinas.

    En este sentido, la aparición de Guido es, sin lugar a dudas, una ruptura dentro de ese proceso catatrófico. Un acontecimiento que brinda esperanza en medio de la desesperanza, que, al igual que los otros 113 nietos recuperados, iluminan la lucha infatigable de Estela y las Abuelas, iniciada en los tiempos del terror y sostenida, sin claudicación, en los tiempos de una indiferencia cómplice del genocidio que duró décadas, hasta el 2003, cuando la lucha de los organismos de Derechos Humanosse volvieron políticas de Estado.

   Esto, obviamente, no significa que el pasado se encuentre ya redimido, ni que se encuentre sellado el abismo de miles de muertos, torturados y desaparecidos que ciñe nuestra historia. El Abismo y la catástrofe siguen ahí, y lo seguirán estando. Sin embargo, cada nieto recuperado es un acontecimiento que abre una rendija que deja entrever algo de luz en medio de la oscuridad, una luz de la cual Estela y las Abuelas son unos de sus mayores representantes.

miércoles, 16 de julio de 2014

Decencia (Relato)


Maximiliano Cladakis

- Es indecente, simplemente… es indecente – dijo Marta, con cierto aire de indiferencia, como algo que ni siquiera debía de ser dicho por su obviedad, mientras sorbía un trago de su té con limón.

- Yo no lo entiendo... con Juan Carlos le dimos todo -  Respondió, algo compungida ,María Estela, con la mirada perdida sobre la pantalla que se elevaba a unos metros por encima de las mesas y a la que no  prestaba ninguna atención.

- ¿Y yo que tendría que decir entonces? Por Claudia nos sacábamos el pan de la boca, le pagamos la Universidad y después se termina yendo con ese tipo…mejor no me hagas acordar…- replicó Marta, indignada,  aunque no parecía hablar con su compañera de mesa, sino esencialmente consigo misma.

- Es así – suspiró María Estela con tono resignado- Uno hace todo por ellos y, a cambio no le dan ni las gracias, al contrario, parece que nos odian… Antes no era así, no era así…
- ¡Claro que no era así!- exclamó Marta, con voz potente, abriendo expresivamente los ojos por primera vez en la tarde - antes había respeto… y sobre todo ¡Decencia!

- Sí, tenés razón – asintió María Estela bajando la mirada- Antes a los padres se los respetaba… Y no sólo una ¿sabés cómo lo trataba Juan Carlos a mi papá? Como a un señor. Una vez…

- ¿A los padres? –La interrumpió Marta- ¡A todo el mundo se trataba con respeto! A las maestras, a los policías, a los militares ¡Las cosas eran como deben ser! Ya me estoy poniendo nerviosa…

- Sí, todo se vino abajo… en nuestros tiempos la maestra era la Maestra, el policía era el Policia, el militar era el Militar…

- ¡Y ahora cualquier malcriado le pega a la maestra!- Dijo Marta, casi gritando- ¡Y ni hablar de la policía! ¡Les pagan un sueldo miserable y matan a cincuenta por día! Y después, si un policía se defiende vienen los de los derechos humanos… ¿¿Y los derechos humanos de las víctimas?? ¿¿Y los militares?? Es gente grande. Vos los ves y son caballeros. No los dejan ni morir en paz… Cambiemos de tema… siento que se me sube la presión y el médico me dijo que no tenía que ponerme nerviosa.

   Hubo un momento de silencio. Marta aspiraba y expiraba profundamente, mientras sus mejillas abandonaban el color rosa para regresar a la palidez habitual. Su amiga volvía a clavar la vista en la pantalla. Los sócalos pasaban una noticia tras otra de manera intermitente. Sin embargo, los aparatos estaban silenciados, una radio que transmitía una música alegre y despreocupada ocupaba el lugar de la voz de los periodistas. En la mesa de al lado, un grupo de hombres, vestidos con camisa y corbata, que rondaban los cincuenta años, bebía champagne y hablaba, por momentos a gritos, sobre temas que iban de los automóviles al futbol, pasando por los negocios y las mujeres, mientras que, de tanto en tanto, se intercalaban insultos esporádicos hacia el Gobierno Nacional.

- El otro  día me cruce al hijo de Susana – dijo María Estela, reanudando la charla, al tiempo que revolvía con una cuchara por enésima vez su té.

- ¿Cómo anda?- preguntó Marta ya calmada – Ese es un buen chico. Después de que se le murió el padre, se hizo cargo de la fábrica … y a la madre la tuvo siempre como a una reina
 - Lo vi preocupado. Me dijo que andaba con unos problemas con los obreros. Con este tema de que la AFIP los obliga a ponerlos en blanco, los números no le están dando…

    Marta esbozó una sonrisa de resignación. Bebió el último trago de su té con limón y dejó la taza vacía sobre el plato que estaba encima de la mesa

- Es así como está todo, te lo dije mil veces, no dejan vivir a la gente decente.


     María Estela asintió con la cabeza y siguió revolviendo su propio té. De la mesa de al lado, uno de los hombres contaba, con orgullo, cómo se había acostado con la mujer de uno de sus empleados.


martes, 15 de julio de 2014

Israel: un Estado Occidental y Cristiano


Maximiliano Basilio Cladakis

    La religión oficial del Estado de Israel no es el cristianismo, ni su ubicación geográfica se extiende sobre lo que suele ser denominado como región occidental del mundo. Sin embargo, el Estado de Israel es, así y todo, un Estado Occidental y Cristiano. Incluso, quizás, uno de los más radicalizados.

    “Occidental” y “Cristiano” no son, en términos políticos, conceptos que se corresponden a la religiosidad de un pueblo ni a su ubicación territorial. Es más, no sería exagerado decir que “Occidental” y “Cristiano” son configuraciones conceptuales que no tienen nada que ver con la religión ni con la geografía.   Lo “Occidental” y “Cristiano” debe, entonces, ser comprendido a partir de una lógica que trasvasa el ámbito de las creencias y de las territorializaciones.

   El Mundo Occidental y Cristiano es el Mundo Civilizado, más allá de si se trata de Estados que están al oriente o al occidente, o si sus religiones oficiales son el cristianismo, el judaísmo o el budismo. El polo central de  oposiciones partir del cual se configuran los ejes esenciales de las disputas en el plano internacional es, como hace siglos, el binomio “civilización-barbarie”.

    El ser civilizado es el ser occidental y cristiano, incluso cuando no se lo sea. Y viceversa, el ser bárbaro es el no ser ni occidental ni cristiano, aunque sí se lo sea. Venezuela, por ejemplo, se encuentra al occidente de Europa y su religión oficial es el cristianismo. Sin embargo, no se trata de un Estado civilizado, sino de una de las encarnaciones más extremas de la Barbarie (todo esto, vale aclarar, desde la perspectiva de la Civilización). No es, por lo tanto, un Estado ni “Occidental” ni “Cristiano”. Un ejemplo contrapuesto: la religión oficial de Japón no es el cristianismo, y se encuentra en el extremo oriente de Europa (aunque al occidente de América Latina, y, si entramos en detalles, debido a que la tierra es una esfera, también de Europa), sin embargo es un Estado civilizado, por lo tanto, forma parte del mundo “Occidental” y “Cristiano”.

   El argumento carece de toda lógica si comprendemos la lógica desde un plano formal, pero la lógica de, como bien la llama José Pablo Feinmann, la razón imperial es una lógica radicalmente distinta a la de las formalizaciones, y totalmente alejada de principios tales como el de “no-contradicción” ¿Qué es, entonces, la Civilización? A esta pregunta se podría dar respuestas múltiples y variadas. Sin embargo, resumiendo: la Civilización son las potencias mundiales y sus aliados.

   La lógica de la Civilización es, pues, la del imperialismo. “Nosotros somos los civilizados, por lo tanto, somos el Bien; los otros son los bárbaros, por lo tanto, son el Mal”. Este es el fondo de toda argumentación “pro-civilizatoria”, una simple máscara detrás de la cual no hay otro secreto más que el imperialismo: un Estado, un pueblo, una Nación, sojuzgando, masacrando y vejando a otro Estado, a otro pueblo, a otra Nación.

   Israel es, sin lugar a dudas, un Estado civilizado. Sojuzga, masacra y veja a poblaciones enteras. Sin embargo, el establishment internacional guarda silencio. Es lógico: Israel es la Civilización, por lo tanto es el Bien, sus enemigos son la Barbarie, por lo tanto son el Mal. Matar, violar, carbonizar criaturas recién nacidas no es un crimen si se trata de seres infrahumanos. Y, para el Estado Israelí, los palestinos, como todos los bárbaros, son seres infrahumanos. Ellos están en una Guerra Sagrada, no la llamarán Jihad pero es lo mismo, y en una Guerra Sagrada vale todo ya que el Bien lucha contra el Mal, y en esa lucha no hay mediaciones.

   El último ataque de Israel hacia la franja de Gaza lo deja bien en claro: 122 muertos, entre los que se contaban 22 niños, 15 mujeres y 12 ancianos. Sin embargo, no hay indignación ni condena hacia aquellas muertes, como tampoco las hay hacia las políticas de legalizar la tortura, de no dejar entrar ayuda humanitaria al territorio en conflicto, de lanzar fósforo blanco sobre poblaciones civiles, de querer lanzar una guerra nuclear sobre un país que no cuenta con armamento de ese tipo; etc.  

   En un artículo escrito por León Rotzichner, publicado hace unos años en Página 12, el escritor e intelectual señalaba una paradoja trágica: Israel, históricamente, había sido la víctima de las peores atrocidades cometidas por el Mundo Occidental y Cristiano durante siglos, atrocidades que culminarían en la Shoá, sin embargo hoy es el adalid y guardián de ese Mundo Occidental y Cristiano, y en su nombre comete contra los pueblos vecinos, los mismos crímenes que el Mundo Occidental y Cristiano cometió contra él.

     Lo dicho por Rotzichner continúa teniendo hoy una vigencia primordial. Cada acto del Estado de Israel lo afirma más como la vanguardia más radicalizada del Mundo Occidental y Cristiano, y, en cada crimen de Lesa Humanidad que perpetra se afirma más como partícipe de ese mismo mundo que eliminó a más de seis millones de judíos.