viernes, 30 de enero de 2015

La muerte de un heroe


Edgardo Pablo Bergna
Maximiliano Basilio Cladakis


El 18 de enero murió Alberto Nisman. Si comenzamos por el final, el 29 de enero, veremos un sepelio en el Panteón de los Mártires del Cementerio Israelí de la Tablada. Alberto Nisman fue un héroe, un mártir y es reconocido como tal por la DAIA, la AMIA, el Gobierno Israelí y el Gobierno Estadounidense.

Cabe destacar, a su vez, que la DAIA, la AMIA, y los gobiernos de Israel y de Estados Unidos no representan a los pueblos, sean judíos o no. No representan, pues, a los pueblos en su condición de humanidad vulnerada por el 7,5% de la humanidad que posee el 92 % de la riqueza en el mundo.

Ese es el ámbito más general, más universal, si se quiere. Existe acción política, religiosa, social, intelectual, cultural, etc. dedicada a defender los intereses antes citados para mantener esta altísima concentración de riqueza y esta altísima concentración de poder.

Alberto Nisman, su homicidio o suicidio (inducido o no), el arma, quien se la entregó, su biografía, la de los dos, sólo es importante en tanto caso policial que, esperemos, se aclare por el bien de su memoria, de su familia y de nuestras instituciones. Sin embargo, más alláde biografías y de intrigas, está el poder, un poder económico que se extiende globalmente y cuyo afán de dominio es absoluto.

Alberto Nisman fue Fiscal de la Nación. Dirigía la Fiscalía General de Investigación al Atentado a la AMIA. En eso debemos concentrarnos. Diez años de su trabajo “¿algún resultado?”. La cercanía del juicio oral a los sospechados de encubrimiento: argentinos como Beraja y Menem, la denuncia que el Fiscal preparó, publicada en el CIJ, narrada con un estilo que, a los ojos de reconocidos juristas, no llegaría a ser “judicializable”, son laberintos, encrucijadas, relatos que parecen configurar una trama que excede la investigación judicial .

Deberíamos preguntarnos por la relación del fiscal con el gobierno de Estados Unidos a través de su Embajada, confirmada por Wikyleaks. Pues, Estados Unidos e Israel mantienen una hipótesis de conflicto con Irán basada en la posesión de armas nucleares por parte de este último. Israel y Estados Unidos quieren ser los únicos en poseerlas.

Apartarse de la “pista iraní” en el caso AMIA, abocarse a una “pista local” o a una “pista siria” quitaría presión internacional sobre el Gobierno de Irán. Y se necesita dicha presión para desarmar a un gobierno “terrorista”. Asociar a la Presidenta y al Ministro de Relaciones Exteriores argentinos con el terrorismo internacional, y en particular con el Gobierno Iraní, podría incidir en la dilación o contaminación del juicio oral próximo por encubrimiento, “pista local” o “pista siria” no es lo sugerido por el Gobierno de Estados Unidos.

En este sentido, además, vale aclarar que el mote de “terrorista” o de “amigo de terroristas” es una forma de estigmatizar a Estados autónomos, no subordinados a las potencias hegemónicas mundiales como Estados Unidos e Israel, Estados cuyos proyectos políticos se presentan subvirtiendo el orden de dominación del 7,5 % de la humanidad por sobre el resto de los hombres y mujeres que habitan el mundo.

Alberto Nisman murió ¿fue suicidio o asesinato? Lo cierto es que fue un mártir, un héroe, sus restos descansan en el panteón de los mártires y fueron velados por el Embajador de Estados Unidos. Las víctimas del atentado a la AMIA, no se encuentran en dicho panteón. Los restos de Nisman se hayan lejos de estas victimas. Casi tanto como su investigación.

viernes, 9 de enero de 2015

Sobre los hechos ocurridos el 7 de enero de 2015

Edgardo Pablo Bergna
Maximiliano Basilio Cladakis


   Desde Agora a Diario y Venas del Sur repudiamos enérgicamente el asesinato de doce personas acontencido en Francia días atrás. Nuestro repudio se extiende también, como lo venimos expresando desde el comienzo de nuestra actividad, a las acciones violatorias y vejatorias sobre los derechos de los grupos más vulnerables de Europa, entre los que se encuentra la comunidad  islámica. Todo asesinato tiene su contexto. Y el contexto en que se dio este asesinato es el de la estigmatización, demonización, intolerancia y persecución a dicha comunidad: desde las políticas xenófobas llevadas a cabo en el propio centro de Europa,a las Guerras preventivas y a los bombardeos sobre la Franja de Gaza. Repudiamos, también,  la forma en que, desde los medios de comunicación, este asesinato se presenta como un atentado a la libertad de prensa, lo que implica darle mayor entidad a dicha libertad que a la vida y dignidad de las personas. En tanto que la libertad es una mera palabra si no es coherente con su concepto que implica responsabilidad y compromiso.





jueves, 18 de diciembre de 2014

Roma no paga traidores


Maximiliano Basilio Cladakis

- Pasen muchachos - dijo el Director, sentado frente a su escritorio, relajado, con sus codos sobre los apoyabrazos de una silla giratoria. En un sillón ubicado a su derecha, el Vicedirector ojeaba un libro. Cuando vio a los dos hombres en la puerta de la gigantesca oficina, levantó por un segundo la vista y su saludo se redujo a un mero gesto con la cabeza.

Los dos hombres entraron. Vestían como lo que eran, oficinistas. Pantalones de jeans, camisas blancas, zapatos marrones. Tenían entre cuarenta y cuarenta y cinco años. Uno era calvo, regordete, no medía más de un metro setenta. El otro era delgado, apenas más alto, tenía cabello claro y lo llevaba corto. El calvo entró primero, el otro lo siguió, más tímido, más inseguro. Cuando estuvieron frente al escritorio, el Director les dijo, sonriendo:

- Siéntense, muchachos, pónganse cómodos ¿Qué quieren tomar?

- Un café estaría bien.

- Para mí también.

El Director apretó un botón. A los pocos segundos, entró una joven voluptuosa a la habitación.

- Sonia, trae dos cafés, un té… ¿vos querés algo?- le preguntó al Vicedirector. Este hizo un gesto negativo con la cabeza.

- Bueno, muchachos- dijo el Director- Imagino que saben porque los llamé.

Los dos oficinistas asintieron con la cabeza. El director volvió a sonreír. El Vicedirector seguía ojeando el libro.

- ¿Qué pasa con Carlos? ¿La gente como lo ve? Me enteré que varios firmaron. Me llama la atención … y, a decir verdad, me duele.

Los dos oficinistas volvieron a asentir con la cabeza. No el calvo, sino el otro, dijo con voz trémula:

- Yo no firme…

El Director giró la silla y detuvo su mirada en un cuadro de naturaleza muerta que colgaba a la izquierda de su escritorio.

- Ya lo sé, ninguno de ustedes dos firmó, los conozco, nunca harían algo así.

- No quieren a la empresa- pronunció el calvo, en un tono donde se entrecruzaba la obsecuencia y la indignación.

El Director se volvió hacia el calvo. Lo miró, fijo, a los ojos e inclinó levemente su cabeza hacia la derecha. El calvo se sintió regocijado. La mirada lo penetraba, se sentía al borde de un orgasmo. El otro agachó la cabeza.

- No quieren a la empresa- volvió a pronunciar el calvo, ahora con una convicción mayor- No se sienten parte de ella. Cada uno hace lo que quiere.

El Director sonrió. Entró la joven voluptuosa con una bandeja. Dejó los dos cafés y el té sobre el escritorio.

El Director revolvió con una pequeña cuchara la infusión.

- Pero no todos son así ¿no?

- No, todos no, pero hay muchos. No trabajan, faltan cuando quieren y se quejan. Carlos los compra, les hace promesas de que van a estar mejor cuando armen el gremio- dijo el calvo- Quiere dirigirlos, manipularlos, con eso les saca de todo. Incluso se rumorea que se está acostando con Claudia, la de Ventas.

- Lo sé- dijo el Director- Hay personas que son así. Es muy triste.

- Sí, claro – volvió a decir el calvo, levantando la voz, transpirado- Son personas egoístas, con las que no se puede construir nada, no tienen puesta ninguna camiseta, salvo la de ellos mismos. Cada cual busca lo suyo. La empresa nos da todo y ellos buscan más, siempre más.

El Director bebió un sorbo de té y asintió con la cabeza.

- ¿Y ustedes que piensan acerca de la posibilidad de que se arme un gremio acá?

- ¡Es una locura!- grito el calvo- Nosotros estamos más que bien. Ellos buscan un amo, y Carlos está dispuesto a serlo. Nosotros no queremos nada de eso, nosotros queremos a la Empresa. La Empresa es, para nosotros, una gran familia. Carlos busca poder, y por eso quiere generar una grieta. Yo hace siete años que trabajo acá, cada logro de la Empresa lo siento como propio. La Empresa cambió mi vida, a mi mujer la conocí acá, igual que mi compañero a la suya, también a mis amigos, a mis mejores amigos. Yo soy alguien, soy alguien por la Empresa. Mi vida y la vida de la Empresa son una sola y misma cosa.

El otro oficinista asintió, algo incómodo, en silencio.

El Director volvió a sonreír.

- Muy bien, muchachos. Yo ahora tengo una reunión. Les pido que presten atención a lo que pasa. La semana que viene nos volvemos a juntar. Tal vez podamos ir a cenar.

- ¡Claro!¡Sería un honor!- gritó, efusivo, el calvo.

Los dos empleados se levantaron de sus asientos, saludaron al Director y al Vicedirector y se fueron de la oficina. 

El Director volvió a detenerse sobre el cuadro de naturaleza muerta. Luego miró al Vicedirector.

- Mañana nos juntamos con Carlos y le ofrecemos un aumento. Que haga el gremio pero que no nos joda. A estos dos los tenemos dos meses más y los echamos. Sobre todo al pelado. Si nos meten en un quilombo con el gremio, nos van a hacer quedar mal con el resto de los empleados.

El Vicedirector balbuceo un “sí”, desinteresado, ausente, mientas seguía ojeando el libro.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Sarmiento y la Soberanía Nacional



Edgardo Pablo Bergna

Maximiliano Basilio Cladakis

Hay quienes dicen que las casualidades no existen. Sin embargo, sea por causalidad, o sea por causalidad, es llamativo que, en las vísperas del Día de la Soberanía Nacional, los apologistas de Sarmiento hayan comenzado a lanzar gritos en el cielo por una supuesta falta de respeto cometida por el personaje Zamba hacia el autor del Facundo en un programa de dibujos animados transmitido por el canal estatal Pakapaka.

Es llamativo, porque entre la Soberanía Nacional y Sarmiento hay una relación intrínseca, ineludible. Hablar de Soberanía Nacional es hablar de Sarmiento y hablar de Sarmiento es hablar de Soberanía Nacional. Claro está que esta equivalencia se da por medio de la negación. Sarmiento es la negación de la Soberanía Nacional, así como la Soberanía Nacional es la negación de Sarmiento. 

Decir esto no es incurrir, como algunos podrían suponer, en una suerte de revisionismo histórico trasnochado. Por el contrario, es remitirnos a la historia y a la razón, es dejar el terreno de la mera abstracción e incursionar en lo concreto. Ni la Soberanía Nacional, celebrada en los próximos días es un mero valor vacío de contenido, ni Sarmiento es un sujeto al que se le puedan abstraer todas sus determinaciones históricas, para quedarnos únicamente con un “gran escritor” o con “alguien que pensó el país”. Por el contrario, lo importante es qué escribió y qué pensó (y nos limitamos al Sarmiento “intelectual”, puesto que también fue Presidente, lo que podría llevarnos a qué es lo que “hizo” como Primer Mandatario).

La Soberanía Nacional conmemorada el 20 de noviembre se refiere a un acontecimiento histórico concreto: el Combate de la Vuelta de Obligado, punto axial de la resistencia argentina al bloqueo e invasión anglo-franceses. La Argentina en gestación, la Argentina que apenas estaba haciéndose, la Argentina no sólo de Juan Manuel de Rosas, sino de los sectores populares, la Argentina, en términos sarmientinos, Americana, se había enfrentado a las dos potencias más grandes de la época. Fue una gesta heroica comparable al triunfo sobre los ingleses al principio del siglo XIX y a las primeras luchas independentistas contra la corona española. Era, como lo diría el propio San Martín al entregarle su sable a Rosas, una continuación de dichas luchas.

Sarmiento ocupó un rol muy importante en dicha gesta: ser uno de los que, desde el exterior, alentaba la invasión anglo-francesa a nuestra patria y que, incluso, exigía que dicha invasión sea más agresiva de lo que fue. Cabe aclarar que esto no surge de alguna carta secreta, ni de un documento perdido recién descubierto, sino que es explicitado por el propio Sarmiento en su obra más reconocida, es decir, Facundo. Sarmiento es, por lo tanto, la antítesis de la Soberanía Nacional.

Y para decir esto no hacen falta ni grandes exegesis ni intrincadas hermenéuticas. Sólo alcanza con leer el libro mencionado. Facundo es una obra clara, maciza, sin fisuras ni ambigüedades. Hay dos argentinas: la Argentina Americana que es la Argentina bárbara y la Argentina Europea que es la Argentina civilizada. Entre ambas argentinas no hay mediación posible. El poncho se enfrenta al frac y viceversa, sólo uno puede sobrevivir (los que hablan de la profundidad de Sarmiento, deben tener complicaciones en este punto y no ver en la importancia que el Sanjuanino le da al frac algo, mínimamente, un poco estúpido).

La Argentina Americana, bárbara, es la que sostiene su soberanía, en tanto que es la que hizo frente a los embates de las potencias europeas. Frente a esa Argentina, el propio Sarmiento declara explícitamente en el Facundo ser un traidor. “Traidor a la causa americana”, se reconoce a sí mismo. Por lo tanto, decir que Sarmiento es un traidor a la Patria, y también a América Latina, no es injuriarlo, sino tan sólo repetir lo que él mismo dice. La apuesta de Sarmiento es por una Argentina dependiente de las potencias, que le venda a estas sus materias primas y le compre sus manufacturas por los siglos de los siglos (esta expresión aparece en el texto en cuestión), que “libere” sus ríos al comercio exterior, que se subyugue a “la Europa” para, quizás, algún día poder aprender algo de ella.

Más allá de su calidad literaria (que, en última instancia, no es más que una cuestión subjetiva), el mérito, si es que puede ser denominado así, del Facundo es el de ser una de las obras mentoras de la ideología neocolonial en la Argentina. 

Desde esta perspectiva, Sarmiento y su obra triunfaron ya que los apotegmas presentados en el texto se han vuelto apotegmas del sentido común hegemónico. Cada una de las tesis del Facundo es repetida constantemente por quienes apuestan por una Argentina sometida a los poderes fácticos extranjeros y en donde la soberanía nacional no sea más que una palabra vacía, e, incluso, inexistente.


sábado, 11 de octubre de 2014

El neoliberalismo es un sistema




Edgardo Pablo Bergna
Maximiliano Basilio Cladakis

Una larga tradición de pensadores comprende la historia desde una perspectiva esencialmente agonística. Maquiavelo sosteniendo que en cada ciudad habitan dos humores, el de los poderosos que desean oprimir al pueblo y el del pueblo que desea no ser oprimido; la célebre sentencia de Marx aparecida en el Manifiesto comunista acerca de que la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases; Kojève, en sus cursos sobre Hegel, afirmando que la dialéctica histórica es la dialéctica de la lucha entre amos y esclavos. Se trata de ejemplos notables por pensar la historia más allá de los optimismos ingenuos que ven la historia de la humanidad como si se tratase de una historia de rosas y de confraternidad universal en donde esa gran confraternidad avanza hacia un idílico estado de bienestar indefinido. Sin embargo, si hay avances, dicho avance contendrá, en verdad, la magnífica y terrible frase de Hegel: la historia avanza siempre por el lado malo.

Ateniéndonos a la experiencia concreta, la historia es conflicto y, ese conflicto, es, fundamentalmente, entre dos grupos humanos: oprimidos y opresores. Cada acto histórico se circunscribe en esa dialéctica infinita, es decir, cada acto, es, o bien un acto de liberación, o bien un acto de opresión. Esto implica que el acto no es nunca un acto que pueda ser comprendido de manera aislada, sino que sólo es comprensible dentro de una totalidad. La opresión es, pues, una totalidad, al igual que la liberación. La dialéctica es la forma de comprender la totalidad: totalidad de la historia, totalidad del conflicto, totalidad de la opresión, totalidad de la lucha contra la opresión.

Una época histórica es una totalidad que guarda en sí misma la historia pasada y la actualiza y renueva abriendo nuevos campos de conflicto. Hay un sino trágico en el devenir histórico del hombre: más allá de las utopías, cada nuevo momento implica un nuevo conflicto. Y más, los oprimidos de ayer pueden ser los opresores de hoy, y los oprimidos de hoy, los opresores de mañana. Cada utopía lleva en sí misma su negación, y cada oprimido que se libera lleva en potencia el germen de la opresión. Caben mencionar dos ejemplos: la burguesía era la clase oprimida dentro del sistema feudal y las Trece Colonias formaban parte del bloque de oprimidos del sistema colonial. Hoy la burguesía y Estados Unidos son los mayores representantes de la opresión a nivel global.

Precisamente, Estados Unidos y sus países aliados junto a la burguesía, en especial pero no exclusivamente la burguesía financiera y mediática, conforman el grupo hegemónico que constituye, en la actualidad, el sistema totalizador de la opresión: el neoliberalismo. Porque el neoliberalismo es un sistema totalizador que abarca las diferentes instancias que constituyen a la experiencia humana. La opresión no sólo es un fenómeno analizable en términos bélicos o coercitivos, sino que guarda un carácter económico, político y cultural. Se trata de una red compleja en donde convergen las fuerzas de las armas, la extorsión financiera, el poder mediático, la cooptación de partidos políticos. Desde está perspectiva, la lógica de la opresión no cambió durante las últimas décadas, a pesar de la caída de la caída del Muro de Berlín. Hay un centro que despliega su poder e intereses sobre la periferia. En ese centro convergen las potencias occidentales y las corporaciones económicas más poderosas del planeta. Del otro lado, hay una periferia que aparece representada, o bien como “patio trasero”, o bien como “estados terroristas”, o bien como regímenes “enemigos de la libertad”. En este contexto, el neoliberalismo es la forma en que el centro se extiende, o busca extenderse, por sobre la periferia para expandirse en pos de sus intereses. En este sentido, la libertad que proclama el neoliberalismo es la libertad de los opresores para oprimir al infinito a la periferia.

Esta libertad, que se quiere a sí misma como infinita, no es sólo una libertad económico-comercial, es una libertad total: es bélica, es cultural, es política. A los fondos buitres, a Goldman & Sach, le siguen las bombas sobre Irak, sobre la Franja de Gaza, los intentos golpistas en Venezuela, la demonización mediática de China, de Rusia y de gran parte del Mundo Islámico. Y muchas veces no se trata de actores distintos que juegan distintos papeles dentro de una misma obra. El litigio argentino contra los fondos buitres lo deja claro: estos mismos fondos participan del saqueo de recursos naturales sobre las islas Malvinas, que es parte fundamental del enclave colonialista británico, quienes votaron en contra de la Argentina en la ONU son los mismos que despliegan su poder bélico sobre Medio Oriente. El afán de dominio del centro se extiende como una red que busca infiltrase en todas partes.

Así y todo, como señala Simone De Beauvoir, los opresores no podrían ser tan poderosos si no hubieran oprimidos que defendiesen sus intereses. En efecto, la opresión, en la mayoría de los casos, sólo puede funcionar con una quinta columna dentro de las filas de los oprimidos. En Argentina, se ve, actualmente, que los oligopolios mediáticos, los grupos concentrados de la economía y la oposición política cumplen dicha función. Corroer desde dentro la resistencia al poder-libertad de la entente opresora. El ataque desde dentro también es múltiple: intentos de golpes de mercado, perpetua difamación del gobierno, llamamientos a la desobediencia civil, estratagemas para esmerilar la legitimidad del Congreso. En suma, intentar deconstruir el modo de Estado constituido durante la última década para volver a consolidar otro: el Estado neoliberal.

Precisamente, frente a la posible pregunta acerca de cuáles serían hoy los instrumentos de resistencia frente al neoliberalismo, la respuesta es sencilla: el Estado. Sin embargo, no se trata de cualquier Estado, ya que muchas veces se habla de él de manera abstracta. En líneas generales, el Estado suele aparecer representado como aquello que hay que combatir. El Estado es el Mal, podría decirse. Esta tesis es compartida tanto por los liberales confesos de derecha, como por el pseudo-progresismo, como por la pseudo-extrema izquierda. Hay en todas estas posiciones una hegemonía del liberalismo que subyace a diferencias ideológicas que son, en verdad, secundarias. En un texto sobre Hegel, Rubén Dri habla de los distintos Estados que se han presentado en la modernidad: el Estado absolutista, el Estado liberal, el Estado democrático y el Estado ético. Podríamos decir que, en la periferia, es el Estado ético la instancia de resistencia frente al afán de dominio global.

Es en la concepción hegeliana del Estado donde este se presenta como Estado ético. Esto significa que el Estado es la dimensión del interés universal, la superación de los intereses particulares. En la periferia, un Estado que se constituya a partir del bien común, que vele por la totalidad y que se despliegue como un proyecto colectivo superador de las mezquindades imperantes en la sociedad civil, es, de manera necesaria, antagónico del neoliberalismo. La dinámica inmanente al neoliberalismo supone la sumisión de la periferia y, por lo tanto, de sus millones de habitantes. El Estado ético al velar por el interés de la comunidad de la cual él mismo emana entra en conflicto con dicha dinámica. El Estado, en tanto dimensión ética donde se dan los intereses y valores compartidos por una comunidad, es el principal enemigo del ansia de extensión del centro y de sus aliados subalternos.

En nuestro país, ese Estado es el Estado que el kirchnerismo, como fuerza gobernante, ha ido constituyendo a lo largo de una década. Y es ese Estado el que el neoliberalismo quiere disolver para habilitar, nuevamente, el modelo de Estado que por casi treinta años imperó en Argentina y en gran parte de América Latina, un Estado que asegure y garantice los interés de las grandes potencias y de las grandes corporaciones económicas. Porque cuando, desde el neoliberalismo, se habla “achicar el Estado”, lo que en verdad se propone es el reemplazo de un Estado que vela por la totalidad por uno que vele por los intereses de las minorías. El neoliberalismo no es un mero “modelo” económico sino, como dijimos, se trata de un sistema totalizador que atraviesa la cultura, la política, y que requiere, por más que lo niegue, un Estado que, como diría Alfonsín, custodie la libertad del zorro en medio de las gallinas.

Nuestro homenaje

Edgardo Pablo Bergna

 Nuestro homenaje a los asesinados por las dictaduras.

  Herida abierta por el golpe de Estado encabezado por Augusto Pinochet el 11 de septiembre de 1973 resiste y muere en "La Moneda" el presidente de Chile Salvador Allende.

  Precedido por las "Cacerolas del espanto"  el sindicato de camioneros y la derecha civil, militar y religiosa chilena,  paralizó y saboteó la economía y vertebró al interior del país hermano un movimiento de oposición al gobierno de izquierda surgido democráticamente. Oposición diseñada y financiada y corregida por la acción de agentes de la CIA enviados por Estados Unidos, en ese momento administrada por el presidente Richard Nixon.

  Su secretario de Estado, de Nixon, Henry Kissinger recibió en 1973 el premio nobel de la paz (al día de hoy quien escribe está convencido, de que el premio nobel de la paz se otorga a los que, en mayor o menor medida, han contribuido -o contribuirán, caso Barack Obama- a la paz de los cementerios)  El secretario de Estado Kissinger está vinculado a los procesos dictatoriales en Latinoamérica de la década del 70, creador, además, de la escuela de las américas y el plan cóndor.

  En nuestra Suramérica, en nuestro Mundo, la acción siempre se debate entre dos principios: estamos a favor de los oprimidos o a favor de los opresores. Hoy nuestro País, nuestra Suramérica, nuestro Mundo debate sobre esos principios.
  Quienes están a favor de los mas poderosos del mundo lo están en Chile de 1973 apoyando el golpe, o en Argentina, con el dictador Rafael Videla en 1976. Quienes están a favor de los opresores, hoy Septiembre de 2014, lo están tanto en las Naciones Unidas,  oponiéndose a la creación de un marco legal para la reestructuración de deuda; o en el Congreso de la República Argentina oponiéndose a ley que favorece el pago soberano de la deuda externa.

Eticidad, praxis, comunidad





Maximiliano Cladakis

   A diferencia del concepto moderno de sociedad (comprendida esta en la acepción esencialmente de “sociedad civil”), la comunidad  implica una totalidad en donde los lazos entre los sujetos no se reducen a meras relaciones de exterioridad. La “sociedad” suele ser presentada, sobre todo en las teorías liberales, como un conjunto de individuos en donde cada uno está “al lado del otro” (o incluso, en “contra del otro”). En términos sartreanos, podríamos decir, que la sociedad implica una “serialialidad”. El mismo Hegel, al hablar de  la sociedad civil, se refiere a esta como la dimensión donde cada individuo prosigue unicamente su propio interés. Hay, en estas concepciones de la “sociedad”, un vínculo más que evidente con el mercado como forma hegemónica que penetra las distintas facetas de la existencia humana.  En Simmel, por ejemplo, la sociedad aparece reducida al conjunto de individuos consumidores o productores, de compradores o venderos de mercancías.

    Si la sociedad se presenta, entonces, como sumatoria de individuos, la comunidad, por el contrario, implica un “nosotros” que excede y trasvasa las lógicas mercantiles que se fundamentan en lo que Hegel comprende como el individuo abstracto. La comunidad, por el contrario, se fundamenta en la existencia de lazos de interioridad que posibilitan la emergencia de un sujeto colectivo, de una intersubjetividad real que rompe con las lógicas individualistas por las que se rige la sociedad. Hay un ser común: valores, creencias, ideales que comparten los integrantes de la comunidad y que superan la mezquina idea de “interés individual”. En pocas palabras, la comunidad se encuentra fundada en la eticidad.

     La idea de “eticidad”, en su sentido hegeliano, abre la posibilidad de comprender  la comunidad como una coexistencia que se afirma en un mundo histórico-cultural concreto. Frente a la moralidad kantiana, frente a la religiosidad de lapropia interioridad, frente a la abstracción del derecho, fundada en la igual de abstracta noción de “persona”, la eticidad afirma el ser histórico de la existencia común. Si la moralidad kantiana es una moralidad a priori y el derecho se funda en la alienación del sujeto histórico-concreto en la idea de “persona”, la eticidad emerge desde las entrañas mismas de la experiencia histórica concreta. En la Fenomenología del espíritu, Hegel ubica su emergencia, incluso, en un momento específico del despliegue histórico: el origen del mundo ético es el mundo griego.

   Ahora bien, la comunidad no es, por lo tanto, un constructo metafísico, ni un fenómeno dado de una vez para siempre. Surgida del acontecimiento histórico, la comunidad se constituye dialécticamente a través de la praxis comunitaria. En la Crítica de la razón dialéctica Sartre equipara “comunidad” a “comunidad práctica”. Es en la praxis, pues, donde la comunidad se realiza. La acción comunitaria implica una totalización del mundo circundante al mismo tiempo que hace a la comunidad. La eticidad que da fundamento a la comunidad se revela y realiza en la praxis. Una praxis que, al igual que la comunidad, es inexorablemente histórica.

    Sin embargo, al ser histórica y al afirmase en la praxis, la comunidad está siempre en peligro. Por un lado, a partir de las fuerzas que operan desde fuera. Pues, hasta que no se cumpla el sueño de Aliosha, toda comunidad es una totalidad que se encuentra entre otras totalidades. El nosotros implica un ellos, los agrupados, a los no-agrupados. Hasta que punto ese ellos es uno de los fundamentos principales del nosotros, es un tema complejo, aunque tal influencia sea indudable. Por otro lado, hay un peligro interno: el de la descomposición molecular. Tanto Sartre como Hegel (podríamos agregar a Maquiavelo) advierten que, dentro de la propia comunidad, HABITAN fuerzas centrifugas que tienden a la extinción de la comunidad.

   Siguiendo a Sartre, la mismidad  del nosotros no sólo no anula, sino que requiere laalteridad. Para que la comunidad despliegue su praxis es necesaria la alteridad. Cada integrante de la comunidad es útil a ella a partir de su particularidad. Para la praxis común son absolutamente imprescindibles las características particulares. Es decir, para ser uno de los mismos es necesario ser otro. Ese juego de oposición de ser al mismo tiempo un mismoy un otro es una amenaza constante de la comunidad y, paradójicamente,  su condición de posibilidad. En la Crítica de la razón dialéctica esta oposición será definida como la contradicción fundamental de la comunidad.

    La comunidad, en tanto comunidad ética, necesita, entonces, afirmarse constantemente a sí misma en el ambiguo y cambiante terreno de la historia. La eticidad se debe desplegar en un actuar en conjunto en donde cada uno, en su particularidad, se comprenda como parte de una totalidad que lo contiene y supera sin anularlo. El desafío de la comunidad es permanente: desplegar su praxis con fines trascendentes a sí misma, al mismo tiempo que constituirse, consolidar y mantener su cohesión interna, su inmanencia como totalidad.