lunes, 1 de junio de 2015

Conceptos sobre Maquiavelo

Edgardo Bergna

                                                     


1.- El modelo republicano de los "discursos"


   La obra más divulgada de Nicolás Maquiavelo es, sin duda, El príncipe (1513-1515). Escrita como
una prescripción, el florentino ofrece su "receta" al príncipe, con la clave para acceder y mantener el poder: estrategia que un "príncipe nuevo" debe poner en práctica para lograr la regeneración de Italia.

  El objetivo del Príncipe, según se lee en la obra citada, es la unificación de Italia, tras liberarla de los enemigos externos y de la corrupción interna; para esto el gobernante necesita el máximo poder y la mayor distancia de todo lo que lo aleje del fin previsto.

  En el capítulo II, De los principados hereditarios, se lee: «Dejaré de lado tratar sobre las repúblicas, porque en otro lugar lo hice extensamente.»[1]. Dicho esto al comenzar el capítulo II,  no se vuelve a hacer referencia al régimen republicano. La imagen que nos deja el texto, es más la de un modelo monárquico, que la de un modelo republicano.

   Como se dijo arriba, El Príncipe es la obra más divulgada de Maquiavelo, pero también  una de las obras peor difundidas y menos conocidas. Su popularidad podría deberse a la brevedad, y al tratamiento de la monarquía ―propia de su tiempo― donde «se forjan y desarrollan las monarquías absolutas.»[2]. De ésta manera, Nicolás Maquiavelo aparece como un favorecedor de los regímenes monárquicos, producto, a nuestro entender, de la lectura de El Príncipe recortado del contexto de su obra.

   Con todo, no se puede despojar a la obra más popular del florentino lo que de hecho produjo en la cultura e, indudablemente, produce en la ciencia política moderna. Como buen "clásico”, de esa productividad surgen múltiples y variadas lecturas y desacuerdos; tanto en la coherencia de su obra cuanto en su pensamiento. Nicolás Maquiavelo y su obra son considerados como:

                   «...un patriota a quien le importaba más que todo la independencia
de florencia (...) una "obra maestra" (...) un adulador verbal y
 traicionero, ansioso de servir a cualquier amo,(...) un innovador
 revolucionario que dirige sus rayos contra la envejecida aristocracia feudal y el papado y sus mercenarios (...) un hombre inspirado por el Diablo para conducir a hombres justos a la perdición, el gran corruptor, el maestro del mal, (...) "el socio del diablo en el delito"(...) "un manual para pandilleros"[3]




   Así discurren las diferentes lecturas sobre el florentino. Entre el bien y el mal más absoluto: maniqueísmo que ―como si faltaran opiniones― se disipa, substrayendo su discurso de todo juicio de valor y libre de interpretaciones éticas: leemos, entonces, a un Maquiavelo que es capaz de hacer que la política abandone el suelo de la ética y transite el de la estética aprovechando su: «...desarrollada concepción del estado como obra de arte »[4] o «Singleton transfiere la concepción de Maquiavelo sobre la política a la región del arte, que se concibe como amoral.»[5]

   Así pues, nuestro autor parece favorecer  los regímenes monárquicos en tanto se tomeEl Príncipe como una obra acabada en si misma; ahora bien, si se la ubica dentro delcorpus literario, si se la toma dentro «...de su obra principal, los Discursos sobre la primera década de Tito Livio, (...) El Príncipe, puede ser considerada como sección independiente de su obra principal,»[6].

    En nuestra opinión, es necesario leer El Príncipe en el marco de los Discursos sobre la primera década de Tito Livio (1513-1519): o mejor «... El príncipe se integra en la estructura general de los Discursos[7], como manifiesta Ana Martínez Arancón.

   Siguiendo esta interpretación  podríamos, entonces, plantear que en El príncipe se desarrollan las características de "un príncipe nuevo" al momento de acceder al poder y que éste sea "uno" es condición necesaria para el "modelo de República" planteada por el florentino en los Discursos cap. 9 libro 1


«Debe tomarse como regla general que pocas veces o nunca, sucede que una república o reino esté bien ordenada desde el principio o reordenada de nuevo fuera de los usos antiguos, si no ha sido ordenada por una sola persona. De modo que es necesario que sea uno solo aquel de cuyos métodos e inteligencia dependa la organización de la ciudad.»[8]



   Como se ve en este fragmento de los Discursos la idea monárquica tiene vigencia en la "organización" de la ciudad en tanto ésta  "como regla general" nunca está ordenada; por otra parte el "príncipe nuevo" no debe dejar en herencia su autoridad, con esto se marca el tipo de monarquía a que se hace referencia: no es hereditaria, ni eclesiástica ―principio teocrático que pasa por alto― pero sobre todo la idea de no ser hereditaria es constitutiva de lo que se quiere decir por "príncipe nuevo" «Si es prudente y virtuoso también evitará dejar en herencia a otro la autoridad que ha conseguido, pues como los hombres son mas inclinados al mal que al bien, podría su sucesor usar ambiciosamente aquello que él ha empleado virtuosamente.»[9] . En este fragmento, del mismo capítulo que el citado arriba, se transluce la idea de que el que gobierne una ciudad debe acceder al poder por sus propios medios  ―armas propias y virtú―, conceptos recurrentes en toda la obra maquiaveliana.

Queda todavía explicar cómo se expone en los Discursos "El modelo republicano", pues, el florentino asegura que una vez logrado el objetivo de alcanzar el poder y formar una ciudad no debe caer toda la responsabilidad en un hombre solo, éste debe ocuparse de las cuestiones que tienen que ver con la guerra y dejar para otros la responsabilidad que atañen a mantener la ciudad organizada, en este sentido Maquiavelo dice:

 «Además si uno es apto para organizar, no durará mucho la cosa organizada si se la coloca sobre las espaldas de uno solo, y sí lo hará si reposa sobre los hombros de muchos y son muchos los que se preocupan de mantenerla. Porque del mismo modo que no conviene que sean muchos los encargados de organizar una cosa, porque las diversas opiniones impedirían esclarecer lo que sería bueno para ella, una vez que esto se ha establecido no será fácil que se aparten de ahí.»[10]


Aquí se comienza a vislumbrar la idea de República que toma de la historia de Roma; los Discursos sobre la primera década de Tito Livio  son un comentario sobre la obra Ab urbe condita libri conocida como Décadas del historiador romano Tito Livio, escrita a partir del 29 a.C. y publicada entre el 26 y el 14 d.C. Maquiavelo comenta en losDiscursos la necesidad de Rómulo de matar a su hermano; poniendo énfasis en el bien común y no en su propia ambición, esto queda demostrado ―dice Maquiavelo― ya «que enseguida estableció un senado que le aconsejase y de acuerdo con el cual tomaría las decisiones»[11].

   Queda formulada así una república mixta constituida por una monarquía, representada por el príncipe, una aristocracia, por el senado y una democracia que se reunía en asambleas.


   La autoridad del monarca ya estaba limitada, «Examinemos con cuidado la autoridad que Rómulo reservó para sí, vemos que se limitaba exclusivamente a mandar el ejército en caso de guerra y a convocar al senado...»[12].

   Nicolás Maquiavelo tenía la mirada puesta en el modelo clásico de República ―especialmente el romano―. Para ilustrar cual era la actitud de este modelo, encarnada en hombres que seguramente admiraba a través de sus lecturas, bastaría recordar que, cuando Pirro desembarcó en Tarento, Italia, en la primavera del año 280 a.C., con su enorme  fuerza militar fueron inútiles los esfuerzos de los Romanos para no ser derrotados en Heráclea; con todo, la reacción romana fue rápida y eficaz y el rey de Epiro se vio obligado a negociar su victoria para constituir en Europa meridional un verdadero reino «El rey invitaba a los romanos a un reparto de la península. Pirro pensaba como conquistador helenístico. Olvidaba que sus enemigos no formaban un reino, sino una república, y que no defendían la ambición de un hombre sino la tradición de una patria.»[13].

   Este "espíritu romano" es el que un gran lector de los clásicos, como lo fue nuestro autor, quiso recuperar en su obra, que, por otra parte, y a pesar de la divergencia de opiniones sobre su obra y su personalidad «Todos los observadores ponen de manifiesto que Maquiavelo es "hijo de su tiempo", un testimonio típico del Renacimiento.»[14] .

   Entonces, ¿era Maquiavelo un defensor de las monarquías absolutas, el despotismo y la tiranía de dirigentes como César Orgía?

   Creemos que el florentino propone en su obra ―seguro en los Discursos― un modelo republicano clásico, mixto y aspiraba como se dijo a la unificación de Italia, tras liberarla de enemigos externos y corrupción interna. Con todo si es defensor de tiranías, la respuesta está en los textos: 


«...y pudiendo fundar, con perpetuo honor para ellos, una república o un reino, se convierten en tiranos, no percatándose al tomar este partido, de cuanta gloria, honor, seguridad, quietud y satisfacción del alma dejan de lado, y cuánta infamia, vituperio, reproches, peligros e inquietud echan sobre sí.»[15]


2.- Contexto histórico de «El príncipe»



   Como se dijo arriba, El príncipe, es la obra mas popular de nuestro autor y quizá una de las más leídas. También sabemos de la importancia que representa el contexto histórico en toda obra y como se ve influida por los avatares de su época; en general, es siempre más fácil abundar en dicho contexto; en cambio, cuáles fueron los motivos personales que llevan a un autor a su obra es más difuso y lo que nos llega es casi siempre a través de interpretaciones mas o menos aceptadas por la comunidad académica.

   Maquiavelo nos allana en mucho el trabajo de buscar razones que motivaron la redacción de El Príncipe; sus motivos personales, los explica en la conocida carta a Francesco Vettori, fechada el 10 de diciembre de 1513.

   El Príncipe, se inscribe en el Renacimiento y es dentro de ese período donde se gesta y crece. El florentino es "hijo de su tiempo", filiación  que deja su huella tanto en su producción histórico-política como también en su obra poético-literaria. Nicolás Maquiavelo nació en 1469; su infancia y juventud transcurrió en el período de mayor esplendor del Renacimiento italiano, la Florencia de los Medici, de Lorenzo el magnífico poeta talentoso, que reunió en su corte a los creadores e intelectuales más importantes de su época; mecenas de artistas como Botticelli y Miguel Ángel, de filósofos como Marsilio Ficino y Giovanni Pico della Mirandola, de poetas como Angelo Poliziano, humanista y tarductor al latín del Cármides de Platón.

   Pero también, de la Florencia del milenarista Jerónimo Savonarola, operador "espiritual" y político, cuyos sermones apuntaron sobre el "pecado de la sociedad"  y ―a los Medici― dando su apoyo a la invasión de las fuerzas francesas en 1494,  que terminó con la caída de los Medici y fundó la esperanza en la República de Florencia, modelo de un estado cristiano, armada contra el "vicio".

   Entre 1498 y 1511, Maquiavelo formó parte de la administración de la República de Florencia , Fue Secretario de la Segunda Cancillería y del Consejo de los Diez entre otros cargos. Una vez repuesto el poder de los Medici, fue expulsado y tomado prisionero sospechoso de conjura contra el reinstalado poder.

    A partir de 1513 se retiró a su pequeña propiedad campesina en Sant´Andrea in Percussina y «...en el ocio (...) comenzó a capitalizar (...) su experiencia en asuntos de Estado y sus lecturas de los antiguos en la composición de sus libros.»[16]

   De esta manera queda delineado el entorno, desde una perspectiva histórico-política, donde se genera El Príncipe. Con todo, creemos que es de suma importancia la influencia que tuvo, en las obras políticas de Maquiavelo, lo que significó en la historia del pensamiento y las ciencias el complejo fenómeno del Renacimiento.

    El Renacimiento, para decirlo brevemente, en un sentido puramente cronológico no puede separarse de la Edad Media; esto no obsta para que se busque una línea de demarcación intelectual, en tanto sea posible y asumiendo los riesgos de ser muy genéricos, se trata de contraponer una "cosmovisión medieval" a una "cosmovisión Renacentista".

La Edad Media se nos presenta múltiple, plagada de discusiones en las diferentes escuelas;  realistas, nominalistas, místicos, dialécticos; discutieron con fervor sus diferencias pero «...había un centro común de pensamiento, el cual permaneció firme e inalterable durante muchos siglos.»[17] "ese centro común de pensamiento" según Cassirer esta definido por una forma de pregunta, para comprender algo, es necesario preguntarse por la causa, así pues remontándose al primer principio mostrar de que modo ha derivado de él. Del primer principio, del uno absoluto, se desenvolverá la multiplicidad; siempre inferior al primer principio ―hombre-naturaleza-materia― no en el sentido moderno de evolución sino como de-gradación siguiendo la teoría de Plotino de Emanación  donde lo causado procede necesariamente de la causa, con la que se establece una continuidad o gradación inferior a la causa, esta continuidad es el uno absoluto, esa aurea catena que Homero presenta en la Ilíada; Dios.
   
    Por otra parte en la cosmología aristotélica el motor inmóvil [Dios], que mueve sin ser movido, transmite su movimiento primero a las cosas más próximas a él y de ahí a todo el sistema sublunar, que desciende en diferentes grados. El mundo superior esta hecho de una sustancia imperecedera e incorruptible, eterna; el nuestro, el mundo inferior es corruptible, y todo decae.

    Esta, sucintamente, es la visión del mundo que predominó en toda la Edad Media; una clara diferencia, dos substancias que se manifestaron en jerarquías; en lo político, social y religioso encarnado en Papas y emperadores «...es una imagen exacta y una contrapartida del sistema jerárquico general; es una expresión y un símbolo de ese orden cósmico universal que ha sido establecido por Dios y que, por ello mismo, es eterno e inmutable.»[18]

   Esta visión del mundo, es lo que lentamente vino a romper el Renacimiento, operando cambios, donde iba perdiendo cada vez más fuerza el inapelable sistema jerárquico.
  
El sistema no quedó completamente destruido, pero la cosmología aristotélica fue substituida lentamente por la astronomía copernicana, firmando la partida de nacimiento de la ciencia moderna.

   Ya no se trata de acomodar los hechos a la explicación de la Escritura sino de comprenderlos en si mismos, entre Dios como principio y Dios como fin y consumación viene a insertarse el orden de la naturaleza y el de la conducta humana; con estos presupuestos de su tiempo, se inscribe la obra, pero sobre todo El Príncipede Nicolás Maquiavelo.


                                                  

3.- Realismo en Maquiavelo


   Es considerado el iniciador de la teoría política moderna, porque identifica su objeto, propio e independiente, de los principios de la metafísica y la ética. Maquiavelo como haría mas tarde Hobbes, quiebra el paradigma antiguo de la teoría política aristotélica, entendida como praxis, y, la asume, como una techné. Su naturalismo humanista se manifiesta en el Príncipe como "realismo político": la política trata del hombre tal como es y no del hombre tal como debe ser.

   En tal sentido en el cap. XV de El Príncipe se hace referencia a como debe proceder el príncipe con los súbditos y amigos, reconoce que muchos lo han hecho antes, y aclara que teme al hacerlo, "ser tenido por presuntuoso" por referirse de un modo tan diferente a los demás, comentando que en otros escritos se hace alusión a la "representación imaginaria" de la verdad, asumiendo el compromiso de presentar a "quien lo entienda" la verdad porque:


«... muchos se han imaginado repúblicas y principados que jamás se han visto ni conocido que hayan existido en verdad; porque es tanta la distancia de cómo se vive a como se debería vivir, que aquel que deja lo que hace por aquello que se debería hacer aprende mas bien su ruina que su salvación;...»[19]


Como se ve estamos ante un hombre que trata de describir el comportamiento de los hombres con el Estado y de los Estados como organizaciones, tal realismo lleva a pensar en Maquiavelo como quien delineó la noción de "Razón de Estado".

                                                                      

4.- Razón de estado


   El tema de la razón de estado ha sido visto como uno de los temas que aparecen en El Príncipe sin ser jamás mencionado de esa forma por el florentino, uno de los capítulos de donde puede desprenderse dicho concepto es el XVlll; aquí se expresa de muchas maneras ―todas muy crudas por cierto― como un príncipe debe actuar y "como deben ser guardadas las promesas por los príncipes". Hay que considerar aquí que lo que se propone es "vencer y mantener el Estado" y no hay reparo en cuanto deba hacerse para obtener dicho fin.

«Trate, pues, un príncipe de vencer y mantener el estado y los medios serán por todos alabados, porque el vulgo se deja llevar por aquello que parece y por el resultado de la cosa; y en el mundo no hay sino vulgo, y los pocos no tienen lugar cuando los mas tienen donde apoyarse.» [20]

   En este pasaje se puede apreciar como se reúnen dos conceptos importantes en nuestro autor, si se vence y mantiene el Estado, objetivo principal de un príncipe, serán admitidos los abusos, de este pasaje se desprende la famosa frase "el fin justifica los medios" ― nunca dicha así por Maquiavelo― y por otro lado el concepto de Razón de Estado en tanto ciertos medios serían justificables solo en el momento en que un príncipe nuevo accede al poder de un estado y debe mantenerlo ―esto si se piensa en El Principe como una sección independiente de Discursos―.



5.- VIRTÜ


   Para terminar, hay otra noción que atraviesa toda la obra de Maquiavelo, ésta es la noción de virtú se debe aclarar que hay una clara diferencia entre virtú y el concepto ―transmitido por la moral cristiana― de virtud.

   El sentido que se da al término virtú es un saber hacer, son las condiciones del "príncipe virtuoso", las de un estratega capaz de fundar y gobernar estados, en este sentido virtú tiene un sentido extramoral.


«Y fue de tanta virtud, incluso en sus asuntos particulares que quien de él escribe dice "que nada le faltaba para reinar, excepto un reino". Eliminó la vieja milicia, ordenó la nueva; dejó las amistades antiguas, tomó nuevas: y como tenía amistades y soldados que eran suyos, pudo sobre tal fundamento edificar todo un edificio, de modo que lo que le costó tanta fatiga en conquistar, con poca lo mantuvo.»[21]


   Como se ve en el texto citado aquí, se refiere por virtud lo que se dice arriba de virtú; en clara referencia a cuestiones que tienen que ver con el acceso al poder de un príncipe nuevo ―nada le faltaba excepto un reino― y lo que se refiere a mantenerlo ―lo que le costó tanta fatiga en conquistar con poco lo mantuvo― .

                                               






[1] Nicolás Maquiavelo, El Príncipe cap. Ll p.24 Introducción, traducción y notas Tursi, Antonio, D. Ed. Biblos Bs.As. 2003
[2] Discursos
[3] Berlín pp 93-95
[4] op.cit pp 94-95
[5] op.cit pp.94-95
[6] Horkeimer, Max, Historia, metafísica y escepticismo, "Maquiavelo y la concepción psicológica de la historia", p 21 Alianza, Madrid, 1982
[7] Discursos
[8] Maquiavelo, Nicolás Discursos sobre la primera década de Tito Livio, Introducción y notas, Martínez Arancon, Ana Alianza Editorial, Madrid, 1987

[9] ibidem.
[10] Op.Cit.
[11] Op.Cit.
[12] Op.Cit.
[13]  Grimal Pirre, comp. Historia Universal siglo veintiuno, "El Helenismo y el Auge de Roma II", cap. 5, pag. 279,  Ed. Siglo XXI, Argentina, 1972
[14] Cassirer, Ernst, El mito del estado, Cap. XI "Maquiavelo y el Renacimiento", p.154, F.C.E. , México, 1947
[15]  Discursos, Cap 10 Que laudables son los fundadores de una república o un reino, y que vituperables. en cambio, los tiranos.


[16]Maquiavelo, Nicolás, El Príncipe  P.10
[17]Cassirer, Ernst Op. Cit.. P 156
[18] Op.Cit .p,158
[19] Maquiavelo, Nicolás, El príncipe, Op. Cit cap.XV
[20] Op. Cit cap.XVlll p93

[21] op.cit. cap. Vl,p38

martes, 12 de mayo de 2015

Poder democratico y poder corporativo




Maximiliano Cladakis

   La cuestión en torno al poder es una de las cuestiones nodales que atraviesa la reflexión política, tanto moderna como contemporánea. Pensadores tan disimiles y lejanos temporalmente como Maquiavelo y Foucault  han hecho de él uno de los ejes centrales de sus obras. Concepto que se ha vuelto maldito a través de los tiempos, el "poder" es eje de disputa tanto en el terreno de la teoría como en el de la praxis.

   Para evitar incurrir en abstracciones obsoletas, en flatus voices que no son el correlato de una realidad efectiva, en ideas vacuas y no en conceptos concretos, una reflexión acerca del poder debe partir de la disputa entre poderes.  Tomando como base el factum de que el conflicto fundamental en la historia de la humanidad es el conflicto entre opresores y oprimidos, el cual se encarna en el conflicto entre las mayorías y las minorías (y en este punto coincidirían tanto el ya nombrado Maquiavelo como Karl Marx), puede afirmarse que el poder es el poder de unos u otros para "poder" realizar un mundo ético, cultural y económico a su imagen y semejanza. A pesar de los predicadores de un moralismo igual de puro que inútil y de los apologetas de una Real politik que sostiene el cinismo como arché de toda acción, el poder no se busca por sí mismo, el poder es un medio y no un fin.

   Desde esta perspectiva, la oposición poder democrático/poder corporativo se funda en la oposición entre dos proyectos de transformación del mundo. Si comprendemos la democracia en sentido rousseaniano, esta representa la primacía de la voluntad general por sobre las voluntades particulares. La totalidad rige, sin anularla, por sobre la parte. La corporación, por el contrario, es una red de intereses particulares que se constituye en interés sectorial. El poder democrático es, por lo tanto, el poder de la voluntad general, mientras que el poder corporativo es el poder de la voluntad sectorial. Podría decirse, casi en términos marxianos, que la voluntad sectorial se trata de la prostitución de la voluntad particular y no de su superación.

   No caben dudas, de que existe una dinámica en la que las corporaciones se enfrentan entre sí, por lo que el poder corporativo se enfrenta a otro poder corporativo. Son las luchas entre sectores sociales que se dan en el ámbito de la sociedad civil. Sin embargo, el poder corporativo también se enfrenta al poder democrático. Es la parte, el sector, queriendo imponerse por sobre la totalidad y por sobre las mayorías. 

   No obviamos, en este aspecto, que "totalidad" y "mayorías" no son lo mismo. Por el contrario, la relación "totalidad"-"mayorías" se da en un entramado dialéctico más que complejo. Sin embargo, podríamos arriesgar la tesis de que la realización de la totalidad, es decir, la realización del interés universal solo es posible realizándose el interés de la mayoría (la cual, al mismo tiempo, no puede ser comprendida únicamente en términos cuantitativos). Precisamente, en cuanto hablamos de "interés universal", nos hallamos con la cuestión acerca del Estado, pues, como señala Hegel, el interés del Estado es el interés universal.

   Ahora bien, en este ultimo punto, se presenta la gran paradoja de que, en términos constitucionales, el poder del Estado se divide en tres: el poder ejecutivo, el poder legislativo y el poder judicial. En las sociedades modernas, el Estado es una construcción democrática y colectiva, cuyos funcionarios tienen como fuente de legitimidad la voluntad popular. Sin embargo, uno de sus poderes, no tiene en ella su origen. Obviamente, nos referimos al poder judicial.

   Con el poder judicial nos encontramos frente a un poder del Estado que no es democrático. Reproduciéndose a sí mismo, por fuera de los cánones por los cuales se legitiman los otros dos poderes, el poder judicial es siempre un poder a-democrático que puede volverse directamente antidemocrático. El traspaso de su a-democracia de origen a la antidemocracia de hecho se da cuando excede sus tareas y se enfrenta a los poderes fundados en la voluntad popular, e, incluso, intenta, por vías directas o indirectas, ocupar sus funciones. 

   En la Argentina, dicho traspaso esta aconteciendo hoy mismo: cuando el Presidente de la Corte Suprema , Ricardo Lorenzetti, sostiene, por fuera de toda legitimidad constitucional, que la tarea del poder judicial es poner limites al poder ejecutivo.  El poder a-democratico se revela, entonces, como poder anti-democrático, como quinta columna de las corporaciones en el seno mismo de un Estado democrático. Dicha revelación queda mas en evidencia aun, cuando, por dicha acción, es aplaudido por otras corporaciones. Lease: oligopólicos mediáticos, asociaciones de grandes industriales y conglomerados agroexportadores.


miércoles, 22 de abril de 2015

Democratizar y emancipar



Maximiliano Basilio Cladakis

   “Democracia” y “emancipación” son substantivos y la substantivación implica el riesgo de la osificación, el riesgo, el peligro, de que conceptos fundamentales para la vida colectiva se transformen en una mera pieza de museo, es decir, en piedra muerta. En lo que concierne a estos dos conceptos, los substantivos se deben fundar en los verbos, no al revés. “Democratizar” y “emancipar” son verbos, acciones, que designan una praxis continua, inacabada e inacabable. La prevalencia del verbo implica la prevalencia de la acción por sobre las formas fosilizadas en una dialéctica abierta, que jamás llega a una síntesis última, una dialéctica que es el decurso mismo de la historia, de su perpetuo movimiento  y transformación.

    Hablamos de “democratizar” y “emancipar”. Ligamos bajo una conjunción dos conceptos que, a primera vista, podrían inferirse diferentes, no opuestos, pero sí diferentes. La conjunción es adrede. Hablamos desde la “periferia”, desde el mundo negado por el Mundo, desde el “patio trasero”, desde lo subalterno, desde un continente cuyas venas abiertas brindaron su sangre para alimentar al Occidente civilizado, centro real de la historia según la lógica imperial.

    El Imperio, pues, se realiza en actos que constituyen una lógica, no una lógica formal, sino una lógica concreta, histórica. Esta lógica, por su parte, se sedimenta en lo que Sartre llama lo “práctico-inerte”. La praxis se vuelve una inercia que determina el campo de posibilidades de las acciones posteriores. Al mismo tiempo, la lógica imperial determina el campo de acción del mundo “imperializado”. La alternativa cookeana “liberación o dependencia” se encuentra determinada por el imperialismo. Desde la periferia del mundo, que es periferia a partir de la totalización imperial, la alternativa se realiza en proyectos políticos radicalmente opuestos. Se trata de una elección absoluta. Optamos, necesariamente, por uno de los dos términos de la disyunción y, a partir de allí, llevamos a cabo nuestras praxis, las cuales generarán, sucesivamente, una contra-praxis desde aquel que imperializa.

     En este sentido, nos encontramos frente un permanente juego de entrecruzamientos dialécticos, de totalizaciones y destotalizaciones, donde el “afuera” y el “adentro” se determinan recíprocamente. En este aspecto, democratizar y emancipar son términos que establecen los límites y sentidos de  todo acto político, los cuales, necesariamente, se circunscriben en un proyecto político omnienglobante. Pues,  todo proyecto político es totalizador: optar por democratizar es optar por emancipar y optar por emancipar es optar por democratizar. Cualquier discurso que no se fundamente en esta relación, que plantee uno de los términos sin plantear el otro, es una máscara detrás de la cual se esconde la subordinación y la desdemocratización, no porque democratizar y emancipar sean lo mismo, sino porque son elementos constituyentes de una unidad totalizadora dadora de sentido.

    Desde hace (años más, años menos) una década, los latinoamericanos tomamos la elección de democratizarnos y emanciparnos. Como toda elección, se trata de una elección que debe ser retomada día tras día. Más aún hoy, cuando el Imperio vuelve a tenernos en el centro de la mira.


lunes, 13 de abril de 2015

Las venas que siguen abiertas



Edgardo Pablo Bergna
Maximiliano Basilio Cladakis




    Galeano murió. Galeano no murió. Murió en su dimensión individual. No murió en su dimensión histórica, colectiva, cultural. El Espíritu, como dice Hegel, trasciende la muerte. El Espíritu, no en sentido teológico, sino como despliegue dialéctico de un nosotros que se reconoce como yo y de un yo que se reconoce como nosotros. Con la muerte no concluye nada, la muerte no libera ni absuelve. La libertad infinita del hombre trasciende la muerte, lo que significa que también lo hace su responsabilidad infinita. Galeano vive. Su obra vive.  No como mera pieza de museo, sino como contemporáneos actos históricos, políticos y culturales. Galeano vive en el Foro por la Emacipación y la Igualdad, en las palabras de Cristina Fernández en la Cumbre de las Américas contra el imperialismo estadounidense, en el apoyo irrestricto de millones de personas a Venezuela frente a la avanzada golpista de la derecha y del intervencionismo colonialista, en la resistencia de los pueblos del mundo contra el poder omnímodo de los grandes poderes mundiales. Galeano nos hizo. Galeano nos hace. Galeano nos hará. Murió el individuo, la materia orgánica se transformó en materia inorgánica. No murió el sujeto. No murió su obra. No murió su compromiso. Se muere en la naturaleza, no se muere en la cultura. A pesar de Heidegger, el ser para la muerte no define la existencia humana. Por el contrario, como nos enseño Jean Paul Sartre, lo que nos define es nuestra libertad y nuestra responsabilidad. Y nuestra libertad y nuestra responsabilidad trasciende la naturaleza, y, por lo tanto, trasciende la muerte.

jueves, 2 de abril de 2015

Malvinas

Maximiliano Basilio Cladakis
Edgardo Pablo Bergna
En noviembre de 2010 se publicó en este medio el texto “En soberanía nacional y Derechos humanos” escrito a partir del discurso de Cristina Fernández de Kirchner en la ONU. Entre los distintos tópicos hubo uno en el que se hizo foco: “no reducir el tema de la soberanía de las islas Malvinas a la dictadura cívico-militar”. Donde con mucha razón, se afirma, en el texto citado, que la legitimación de los reclamos a la soberanía es desligarlos del discurso nacionalista de derecha, esto es, reanudar los juicios a los responsables de la dictadura cívico-militar derogando leyes de punto final, obediencia debida é indulto sustituyendo “obediencia debida” por debido proceso en juicio y condena a los culpables. Esto fue posible por la decisión política de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner en tanto que los gobiernos democráticos anteriores a estos, y posteriores a la dictadura cívico-militar impulsaron leyes que beneficiaron a los genocidas, hasta el indulto que directamente pretendió borrar de la memoria todo lo ocurrido. También se hace referencia al carácter inclusivo de los gobiernos que derogaron las leyes de impunidad. La lectura reposada y el tiempo nos hacen concluir en que la legitimidad del reclamo y reivindicación de nuestra soberanía se sustenta en la no impunidad (a quienes participaron, desde donde sea, con la dictadura) en política exterior sustentada en el trabajo diplomático y con la inclusión y extensión de derechos a miles de argentinas y argentinos, lo que está en los antípodas de quienes quisieron recuperar Malvinas con violencia después de conculcar todos los derechos constitucionales y organizar uno de los mas perversos genocidios al interior de nuestro 



Pueblo.

jueves, 26 de marzo de 2015

Agora a diario y Venas del Sur repudian la agresión sufrida por Hebe de Bonafini




Agora a diario y Venas del Sur repudian la agresión sufrida por  Hebe de Bonafini al quemarse un muñeco con su figura. Les comunicamos a los responsables de la agrupaciónHIJOS de La Plata, quienes se responsabilizaron por el hecho, que: 1) La políticas sobre  DDHH del gobierno actual son contrarias y superan a las políticas de gobiernos democráticos anteriores que impulsaron  y votaron leyes de “punto final” y “obediencia debida” y posteriormente “indulto”. 2) Todo acto simbólico como quemar una figura, es un relato que tiene su co-relato en otras figuras que representan “acción” real y tiene consecuencias éticas y políticas. ¿Los  recordaremos  por asociación a Herminio Iglesias o a quienes quemaban las urnas en la Catamarca de Barrionuevo por no ir mas atrás y recordar a Bruno (Giordano). Cuidado con lo simbólico en algún momento se realiza en la política ¿sino para qué las banderas que Uds. aguantan? ¿no aguantan los trapos que los representan? Como consecuencia, hoy, se los encuentra a Uds elogiados en las “cloacas” de lectores del diario La Nación y seguramente se encuentren, a raíz de esta acción, mas cerca de los que piensan que la política de DDHH es un curro. Además les recordamos que son las acciones políticas, de izquierda o de derecha y no los colores o los sellos.




martes, 17 de marzo de 2015

Golpes


opinión. Agora...a diario 17/03/2015


Edgardo Pablo Bergna
Maximiliano Basilio Cladakis

   El 24 de marzo de 1976 advino el golpe de Estado que dio inicio a la dictadura más sangrienta que atravesó la historia argentina. En unos días se conmemorará dicho acontecimiento, nefasto, atroz, casi innominable. “Conmemorar”, un verbo complejo, sutil, que no se agota en el simple “recuerdo”, el cual, a veces, puede presentarse como imagen estática de un pasado ya agotado. Por el contrario, “conmemorar” es un acto de compromiso con el pasado, pero también con el presente y con el futuro.

    Conmemorar el golpe de Estado de 1976 nos obliga a pensar el presente, a tomar posición con respecto a nuestro tiempo. Y nuestro tiempo se tiñe de ese pasado que, constantemente, amenaza con volverse nuevamente una realidad efectiva. El pasado no está “cerrado”, el pasado es una posibilidad presente, el pasado puede ser presente.  El futuro puede ser el pasado.

   La situación actual de Argentina, y, también, de América Latina nos devela la posibilidad de ese regreso, quizás con formas distintas, más discretas, donde no se trate de tanques de guerra recorriendo las calles, ni de un general arrebatando el sillón de la Casa de Gobierno. Sin embargo, nos encontramos frente a la posibilidad de un nuevo golpe de Estado. Los militares, en última instancia, no fueron más que repugnantes medios para que las clases dominantes impusieran a sangre y fuego un proyecto de país que las entronizará definitivamente como amos indiscutibles de los destinos colectivos.   

    La última dictadura fue una dictadura cívico-militar. Si bien, la parte militar de esa dictadura está siendo juzgada y condenada, y sus nombres han caído en el descredito general, los ejecutores civiles siguen activos. Grandes empresarios, oligopolios mediáticos, los tradicionales exportadores terratenientes,  ligados a los intereses de las principales potencias bélicas y económicas que rigen el mundo, continúan siendo el poder real en la Argentina. Frente a ellos, sólo se alza el poder político encarnado en  los gobiernos nacional-populares. Derribar a estos gobiernos es el objetivo del poder real para volver nuevamente a poseer la hegemonía absoluta sobre nuestros pueblos.

   La derecha está atacando hoy. El golpismo nos está atravesando hoy, no de manera espectacular como unos años atrás, lo está haciendo rizomaticamente. La derecha que no se dice como tal, que se camufla en periodistas autodenominados independientes, en un poder judicial que se presenta como guardián sagrado de los valores cívicos y republicanos, en apacibles ciudadanos autoconvocados a manifestaciones organizadas en pos del oxímoron de pedir Justicia para la Justicia, en gremios combativos contra el Estado y, a la vez,  sicarios de las patronales, en agrupaciones y partidos progresistas y de  supuesta izquierda que reivindican las reinvindicaciones de los más poderosos. La entente golpista aparece difusa, como si nada las entrelazará. Sin embargo, más allá de todo rizoma, constituyen una unidad totalizadora cuya finalidad es la misma.

   Y esto no ocurre sólo en la Argentina. América Latina está siendo atravesada por el golpismo. Venezuela, Brasil, Chile, son ejemplos de ello. Y no es casual ni novedoso: América Latina, como sostenía Abelardo Ramos, es una única nación. Siempre ha sido así y siempre lo será, la lucha por la Emancipación y la Igualdad es una lucha continental, y los enemigos de esa lucha son los mismos en cada una de las “patrias chicas”. A Pinochet le siguió Videla, el intento de golpe contra el gobierno de Nicolás Maduro es en paralelo al intento de golpe contra el gobierno de Cristina Fernández.  

   Conmemorar el 24 de marzo de 1976 implica, pues, necesariamente situarnos en el momento actual que atraviesan nuestros pueblos, definirse en esa situación, para que la tragedia no se transforme en farsa.  En esa fecha marcada en rojo, las rizomáticas voces golpistas tomarán distintas posiciones, los menos, dirán que lo que se inicio ese día fue mejor que lo que sucede hoy susurrando, por lo bajo, el apotegma: “con los militares estábamos mejor”, los más se presentarán equidistantes y harán alguna reflexión cercana a la teoría de los dos demonios, condenando la violencia política en abstracto, poniendo en el mismo sitio a víctimas y victimarios, otros acudirán a la Plaza en un acto contra las Madres y Abuelas aludiendo que la dictadura y el gobierno que encarceló a los dictadores son lo mismo.

    Las tres posiciones, distintas en lo formal, poseen el mismo contenido: la realización de un golpe de Estado que haga retornar el entramado de dominación que, durante dos siglos, imperó en Argentina y en el resto de la Patria Grande, exactamente lo mismo que ocurrió el 24 de marzo de 1976.